Enadco

sábado, 22 de junio de 2013

Otoño


El otoño, hasta ese momento, no había sido una estación muy reseñable. Para mí era sinónimo de días fríos, tristes y oscuros, calles solitarias… Pero algo ocurrió que cambió mi parecer.

Antes de conocer a Jon, no tenía una época del año favorita, ni siquiera me lo había  planteado. Simplemente me adaptaba a todo, ya fuere frío, calor, viento, lluvia, nieve…

Sin embargo después de Jon, el otoño había empezado a tener una importancia y significado muy particular… e incluso me atrevería a decir que se había convertido en algo mágico.

El que los días acortaran y oscureciera antes, le daba un toque muy romántico a nuestros paseos por el parque. Estábamos en esa etapa en la que no sonreír se convierte en un esfuerzo casi imposible, nuestras miradas eran embelesadas y nuestras manos ardían de deseo de explorar y ver dónde estaban los límites…, resumiendo, estábamos en pleno enamoramiento. Ahora las estrellas refulgían extraordinariamente y la luna…, la luna era llena cada noche.

Recuerdo el día que me dijo “eres tan maravillosa y especial, que hasta los árboles han tejido una alfombra de flores y hojas secas y se han engalanado de amarillo, marrón y ocre para esta ocasión. El canto de los pájaros, se ha convertido en un breve murmullo, para no entorpecer y poder escuchar la melodía que produce la conjunción de tus palabras y tu voz”

¡Cómo agradecí en esos momentos la falta de luz…! Evitó que pudiese ver que me sonrojaba por momentos.

El aire fresco, invitaba que nos acercáramos más. Y cogernos de las manos o de la cintura, se convertía en una sensación mucho más agradable si cabía.

Los días lluviosos íbamos a casa, nos preparábamos un chocolate caliente y me acurrucaba a su lado mientras escuchaba su voz perfectamente modulada, leer fragmentos de algún libro cogido al azar o alguno de esos relatos que escribía en un viejo cuaderno de piel desgastada, que siempre llevaba consigo.

El leía y yo soñaba.

Pero lo que el otoño trajo, el otoño se llevó y  el fin de la estación, puso punto y final a nuestra relación.

Y pasaron el invierno, la primavera y el verano y puedo ver como asoma tímidamente el otoño cargado de  grandes dosis de soledad y melancolía, tristeza, desconsuelo, hojas secas y recuerdos de un amor acabado.

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